Quizás sea hora de abandonar


¿Cuándo es el momento de saltar del barco que se está hundiendo?. ¿Cómo saber que ya está todo perdido y que hagas lo que hagas el barco se va a ir a las profundidades?

Llevo casi veinte años viajando a través de la vida subido en un trabajo en el que he tenido buenos momentos pero en el que sobre todo he tenido demasiadas responsabilidades para lo que se supone que era mi papel en el mismo. También me ha traído relaciones que me han resultado casi en su mayoría tóxicas y muy perniciosas para mi estabilidad.

Debo decir que he aprendido mucho, no por lo que me haya enseñado el trabajo,sino por lo que he ido aprendiendo para poder solventar los problemas que iban surgiendo. También he madurado, quizás demasiado pues hace mucho tiempo que me encuentro sin ganas de nada, sin ilusión, como si todo lo que tuviese que hacer en la vida ya lo hubiese hecho.

Pero estoy seguro de que este viaje llega a su fin, y eso supone la apertura de nuevas expectativas y sobre todo la aparición de nuevas inseguridades e incógnitas. ¿Qué hacer una vez abandonado el barco? Esa es la pregunta que tengo ahora en mente, y aunque la respuesta la he ido perfilando a lo largo de los años no es lo mismo pensaría que llevarla a cabo.

Tengo dos opciones claras y evidentes.

Una es abandonar, irme de mi trabajo y olvidarme de ello. Vivir del alquiler del piso de Madrid, terminar la casa de la calle Mayor y alquilarla, y hacer lo de la calle de las Monjas y alquilarla. Ahora mismo es una opción genial, puesto que los alquileres en Torrelaguna están escasos, hay mucha demanda y bastante seguridad de que a corto plazo no van a decaer. Esto me supondría una renta mensual de unos 1200 euros aproximadamente. Ingresos suficientes para poder vivir, dado mi poca propensión a gastar y a que no tengo deudas que pagar. A esto habría que añadir que podría ampliar la agricultura y la apicultura al poder dedicarme a tiempo completo a ello. Esto podría aportar quizás otros 4000 euros al año o quizás más puesto que los olivares aportarán más ingresos al poner en marcha los que he comprado este año y que las abejas deberían duplicar como mínimo la producción.

La segunda opción es complicada y no depende de mi. Sería continuar en el trabajo, pero siendo jefe y quizás dueño. Puede que sea el momento de dar un golpe encima de la mesa y reclamar para mi lo que tantas veces han pedido otros que hiciera. La situación es tan agónica que el margen de maniobra por su parte se reduce hasta casi cero. Pero necesito dar el golpe en la mesa, y teniendo en cuenta como son no sé si merece la pena intentarlo.

Ademas a la incertidumbre de que pueden decidir se une la incertidumbre sobre la viabilidad del negocio en si mismo. Las dificultades que debería afrontar para simplemente reflotar son inmensas: falta de liquidez, exceso de créditos, de confianza de los clientes, desabastecimiento, deudas con proveedores, deudas con empleados, falta de calificación crediticia, falta de adaptación a normativas, posibles infracciones por malas prácticas anteriores, envejecimiento de los medios productivos, etc. Cómo afrontar todos estos problemas me obligaría tomar decisiones y sobre todo a dedicar mucho esfuerzo mental para ir solucionando todos y cada uno de esos problemas y los que vayan surgiendo. Doy por hecho que yendo bien las cosas se necesitarían al menos diez años para sanear todo lo que se viene arrastrando. ¿Y dentro de diez años el negocio seguirá siendo viable social y afirmativamente?.

Dado que el negocio es combustibles fósiles y que estos están en el punto de mira de las administraciones por su enorme contribución al cambio climático, es más que probable que en los próximos años la administraciones vayan poniendo restricciones al uso de los mismos. ¿Hasta que punto?, pueden que los hagan desaparecer mediante prohibiciones, puede que los intenten eliminar a base de poner trabas y normativas que cumplir que por encarecimiento hagan que la gente los deje de consumir (como pasa con los coches y las restricciones al tráfico o el aumento de impuestos).

Si en el horizonte aparecen fechas de eliminación de combustibles para el 2040, teniendo en cuenta que ya estamos en 2020 quedarían 20 años de negocio, menos los 10 para sanear serían 10 los que darían beneficios. También es cierto que para cuando esto suceda con un poco de suerte estaré a punto de jubilarme o ya me habré muerto de un infarto o similar por la presión del trabajo y la responsabilidad.

En resumidas cuentas debo decidir que quiero hacer durante los próximos 30 años de vida. Difícil elección para alguien que no suele tomar elecciones a la ligera. Demasiadas variables y demasiadas incertidumbres para alguien que no soporta no tener todo controlado. Al final tendré que tirar una moneda al aire aunque quizás sea más fácil decidir porque las circunstancias me obliguen a tomar un camino. Tengo mi preferencia, pero es sentimental, idílica y no la tengo perfectamente analizada. Quizá ese debería ser el primer paso: estudiar económicamente la opción que me es más grata. Lo haré, para eso va a servir este escrito, quizás hasta resuelva mis dudas.

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