Buscando la felicidad perdida.


Cuanto más leo, cuanto más sé, cuanto más estudio, cuando todas las realidades las aprendo y las comprendo, cuando más listo me creo menos sé de mi vida y de mi.

El vacío interior que me consume lo trato de llenar con conocimientos, con saber, buscando en mil y un sitios en mil y un conocimientos lo que llene mi interior. Soy un deposito de infinito tamaño que no encuentra lo que realmente pudiera llenarle.

Toda mi vida llevo buscando el amor, la comprensión, la tolerancia, el respeto, la calma y la tranquilidad. Toda mi vida llevo intentando hacerme mejor persona para poder transmitir a quien me rodea esas sensaciones. Y todos mis intentos por encontrar a alguien que me correspondiera a ese intento de hacer una vida mejor para los demás, para mi, han resultado un fracaso.

Echo de menos a aquella que me ha hecho tanto daño, que ha hecho tambalearse mis más sólidos principios. Añoro a aquella que me ha alejado de todo interés por tratar con la gente. Me he vuelto huraño, esquivo con la gente, encerrado tras un cristal que me deja ver la realidad pero no tocarla.

La desconfianza que antes recaía sobre mi y sobre mis capacidades ahora se ha trasladado a la vida de los demás. Yo estoy seguro de mi mismo,salvo pequeños grandes defectos de no muy difícil solución, y eso me aleja de la gente. Ya no hay nadie a mi altura, ni hay nadie por quien merezca la pena salir de mi seguridad.

La gente no responde a lo que ofrezco, el mundo se ha vuelto egoista y yo me vuelto más egoista que el propio mundo. Huyo del mundo, de la realidad, de la posibilidad de contacto real, de las relaciones y de las posibilidades que estas nos ofrecen. No quiero conocer gente, no quiero abrir nuevas posibilidades que puedan llevar a no se que final. Porque ya no quiero otro final que no sea mi paz en mi soledad.

Y sin embargo añoro momentos vividos que sólo han traído desasosiego a mi existencia. Persigo quimeras que sé que no van a hacerse realidad porque por mucho que yo insista las cosas no van a salir. Decepcionado con la raza humana, decepcionado conmigo mismo huyó buscando la soledad tras las piedras de la montaña.

Por eso cada vez paso más tiempo en el campo, por eso cada vez me gusta más y a la vez por eso cada vez te go menos interés en el beneficio que produzca y más interés en el esfuerzo que me supone hacer las cosas.

Creo que lo único que me mueve es el ver crecer las cosechas, el ver engordar una aceituna, el ver trabajar afanosa una abeja, el ver nacer una semilla. El resultado para mi es intrascendente, no busco resultados, ni rendiemientos, ni recompensas o reconocimientos. Sólo es la satisfacción hacer lo que me gusta, cuando quiero, como quiero y porque quiero.

A eso se le puede llamar felicidad. Puede que si, casi seguro que si. Sólo necesito eliminar algunas incertidumbres de mi vida, de mi realidad, y si lo logró entonces ya no sentiré el vacío sino que será la más hermosa de las sensaciones. Será un vacío repleto de paz y satisfacción por ser lo que puede ser que quiera ser.

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