Buenos días


Tengo puesta la alarma a las 6,30 de la mañana. Pero no necesito despertarme tan pronto, todavía me queda tiempo hasta que tenga que levantarme.

Y entonces, ¿para qué madrugar?

Pues es otro recuerdo de tiempos pasados, tiempos en los que me preocupaba y me interesaba por la gente.

Eran tiempos en los que quería ayudar y hacer sentirse bien a una persona. Tiempos en los que pensaba que un gesto, unos “buenos días” recibidos al despertarse tendrían más valor que todo aquello que se puede comprar con dinero.

Pero aquello demostró ser una mentira que yo sólo debía pensar que era verdad. Ya no doy los “buenos días” a nadie, ya no creo que nadie merezca eso. Sin embargo sigo despertando a esta hora para recordarme cada día aquello. Así día tras día recuerdo lo ingrato que es tratar de ayudar a alguien y que te lo agradezcan con el rechazo y el odio.

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