Llorar de felicidad


Doy gracias a Dios. Acabo de llorar de felicidad. No recuerdo haberlo echo nunca antes, si recuerdo haberlo visto. Lo vi una vez en una mujer que luego olvido haberlo hecho.  Entonces fue la felicidad de sentirse en familia. Ahora me desprecia dice que por egoista y por acosador, pero entonces lloró, y después de muchas lagrimas esas no eran de pena sino de felicidad.

Yo he llorado, y lo he hecho de felicidad. Lo he hecho porque tengo amigos, buenos amigos. De esos que te corrigen cuando te equivocas, de esos que te acompañan cuando estás mal, de esos que comparten un vino y una amistad, de esos que no entienden de dinero, ni de tiempo, que no se ponen ellos por delante, de esos que saben que lo importante es el tiempo que compartes no el sitio, ni la gente, ni el lugar, ni ninguna otra cosa. De esos que sólo son AMIGOS.

Y he llorado porque tengo una familia, tengo una familia que ha entendido que debo perderme de vez en cuando para seguir viviendo, que cuando llego no me dicen nada, tengo un padre con el que salir a tomar una cerveza o un vino, con el que ir a ver el fútbol, con el que hablar. Tengo una madre que es un apoyo, que hay veces que me entiende y hay veces que no, pero que siempre está ahí. Es ese remanso donde muy pocas veces me permito el lujo de llorar con alguien.

Tengo amigos, almas gemelas igual de pérdidas que yo. Distintas a mi pero a la vez iguales. Cada uno con sus cosas pero con unos corazones, con una franqueza, un alma limpia y transparente que piensan mas en los demás que en uno mismo. Tengo amigos con mayúsculas y con letras de oro. Personas que me entienden porque sienten lo mismo que yo.

Somos perdidos de la vida, porque no entendemos la vida como la entienden los demás. Somos raros, somos únicos, somos los MEJORES. No hay nadie como nosotros, somos imanes, somos el centro cuando queremos ser invisibles. Es nuestra luz la que brilla, porque aunque nosotros seamos oscuridad, al juntarnos, al ser amigos, al vivir para los otros, entonces brillamos como ni siquiera el sol sabe hacerlo. Porque nuestra luz no es nuestra, nuestra luz no se puede acabar, porque nuestra luz no está en nosotros, sino que esta en nuestra relación con otros iguales a nosotros. Somos como una bombilla, el filamento sin electricidad es nada, algo triste y apagado. Pero ay cuando se juntan,…, entonces no hay oscuridad que pueda apagar ese brillo. Por eso cuando nos juntamos hay luz, hay alegría. ¿Cómo es posible que de tanta tristeza pueda salir tanta alegría? ¿Cómo es posible que tres oscuras almas puedan alegrar a una mujer? Sólo hay una explicación.Somos amigos, somos luces, somos personas. Y de esos ya no quedan por el mundo.

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