Viernes de las fiestas.


Cuanto pueden cambiar las cosas de un día para otro, mas aun, cuanto pueden cambiar las cosas de un año para otro.
Mes de septiembre, viernes de las fiestas. Hoy a diferencia de hace un año he disfrutado del viernes de fiestas como hace mucho que no lo hacia. Hoy libre de cargas, libre de preocupaciones, libre de fúnebres compromisos he vuelto a disfrutar de una noche de fiestas.

Nada hacia presagiar una buena noche, pero casualidades del destino cuanto menos intención tienes de algo mas posible es que pase.

La tarde empezo bien. Al salir del trabajo hicimos la visita de costumbre al bar a tomarnos unos botellines, y cosas de la fiestas nos liamos. Vinos, cervezas, patatas bravas, raciones, … Que volvimos a casa algo mas tarde de lo que las buenas costumbres dicen que es hora de comer.

Breve descanso antes de volver a las calles, ahora para la procesión de la Virgen de la Soledad, nuestra patrona y mi protectora y confidente. Las costumbres mandan y la vimos pasar por la calle desde los balcones de la casa de la abuela, luego ya toda la familia al completo marchamos acompañando a la imagen hasta la iglesia parroquial de Santa Maria Magdalena.

Luego ese momento que cada vez me gusta más y tiene mas sentido para mi según van pasando los años, según me van sucediendo cosas. El canto de la Salve. La sensación que me invade cuando delante de la imagen de mi patrona canto la Salve es algo que sólo los muchos años que lo llevo haciendo y sobre todo lo que significa la Salve pueden explicar. Es un momento especial de las fiestas que desgraciadamente esta perdiendo el esplendor que ha tenido. Cada vez hay menos gente y cada vez hay menos gente que se sabe la Salve. Que sensación cuando una iglesia repleta de vecinos y visitantes antojaba la Salve, ese canto al unísono de cientos de voces entonando una petición a una madre era algo que ha conseguido algunas veces emocionarme hasta  las lagrimas.

Cena por los bares con las raciones y las cervezas correspondientes y luego…

Luego no esperaba nada. Las noches de las ultimas fiestas por unas cosas o por otras han resultado un fiasco, y dados los antecedentes, las ganas, y los recuerdos que de vez en cuando me llevaban a estabas fechas del año pasado,…pues no auguraban nada bueno.

Pero puede que fuera el destino, o puede que fuera mi Virgen de la Soledad, o puede que fuese cualquier otra cosa lo que hizo que la noche del viernes fuese algo digno de recordar.

La orquesta no daba muy buenas sensaciones pero nos quedamos un rato. Tampoco es que hubiese mucha gente, estaba mas bien desmantelado. Pero decidimos quedarnos y echarle lo que se le echaba de joven a las cosas ganas y poca vergüenza. Sin bebida, sin vasos, sin hielos, casi sin nada fuimos organizando la noche. Pides unos vasos en un bar, pides el hielo en otro, vas a casa a ver que encuentras por los armarios y al final pues sacas para hacerte unas copas y poder beber algo mientras la noche se va animando.

Primero la música, años ochenta, noventa, todo música nacional, todo para cantar a voces pues todas las canciones son clásicos de esos años, himnos que nuestra generación conoce y que las nuevas y novísima generaciones terminan conociendo pues son canciones inmortales que nunca parecen pasar de época. Luego ya empiezas a moverte un poco, y según se va llenando la puerta del sol, según va avanzando la noche te vas creciendo. La compañía va mejorando y todo empieza a rodar como si fuese una noche de hace veinte años, cuando cada fin de semana salías a disfrutar de la noche como si no hubiese mañana, como si no hubiera habido día.

A si paso la noche, entre risas, bailes, bebida y alguna que otra buena y bella compañía.

Lo dicho una noche para recordar,no porque fuese especialmente buena, sino porque contra todo pronóstico lo que prometía ser un desastre de fiesta se convirtió en una mas que agradable noche.

Y hoy mas, a saber que nos depara la noche. Puede que sea memorable o puede que a la una ya estemos en casa. Los senderos de Dios son inescrutables, pero puestos a pedir me gustaría coincidir con esta chica a la que no consigo ver nada mas que en la gasolinera y con prisas. Ojala pudiese ser, pero nunca se sabe hasta esta noche. Ya dirán los hados lo que tiene que llegar, ayer no esperaba nada y nos dejaron una buena noche y buena compañía.

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