Anclado


Sigo anclado en el mismo punto de este mar angosto y tricionero. Hace un tiempo levanté anclas y me eche a navegar, soplaban brisas que parecían llevar una buena dirección. En el horizonte se oteaban otras naves que podrían acompañarme en el navegar hasta conseguir atracar en puerto, en tierra firme.

Pero he vuelto a soltar la cadena, he dejado que caiga con estrépito el ancla y que se aferre a fondo del océano. Ya no hay faro que me guíe, ni barcos a los que acompañar. Solo hay navíos igual de perdidos que yo con lo que no sé si quiero contar. Prefiero la insegura seguridad de un ancla en mitad de la nada, allí donde siempre he estado, allí donde llevo varado 24 años, allí donde ya conozco las brisas y las tormentas, allí donde sé que mi ancla me va a mantener a salvo, allí donde pueda capear los temporales sin tener que preocuparme de nada mas que conseguir sobrevivir.

Dicen que no viajo, que no suelto las amarras y me dedico a conocer el mundo. Conozco mucho mundo sin haber pisado nunca tierra firme, para que necesito desembarcar entonces. Desde mi camarote se divisa todo, a todo tengo acceso desde mi biblioteca flotante. Para que perder el tiempo con la realidad si puedo conocer el concepto, las imágenes y los sonidos de miles o millones de lugares o cosas en un corto lapsus de tiempo. La vida es muy corta para lo concreto, si quieres conocerlo todo con esta vida no te llegara, así que para que esforzarse.

La soledad de mi barco es legendaria, nadie ha sido capaz de subir a bordo y mantenerse durante mucho tiempo. Quizá sea el carácter de este agrio capitán, o quizá sea la inestable quietud del casco meciéndose en las olas, o quizá sea el anodino pasar el tiempo, o quizá sea otra cosa.

Cuantas veces tenia ya atada una cuerda al cuello y el otro extremo firmemente anudado al último eslabón de la cadena que sujetaba el pesado ancla. Por qué nunca me deje ir detrás de esa ancla para así por fin descansar tranquilo en las profundas y oscuras aguas, allí donde nadie quiere estar, allí donde no llega la luz.
Bendita oscuridad, que paz encuentra mi alma cuando la oscuridad llega a mi. Final del día, uno menos que nos queda hasta llegar al puerto que la vida siempre nos depara a cada uno.

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2 pensamientos en “Anclado

  1. Antonio Blanco dice:

    ¡Impresionante! Lo leí el día 1 de octubre por la mañana y me emocionó hasta saltar las lágrimas, pero pensé que me había pillado bajo de defensas ; lo he vuelto a leer esta mañana de sábado, tranquilamente, y me ha vuelto a poner los pelos de punta. A veces un libro o un texto merece la pena por una sola frase y los dos últimos párrafos de este texto no pueden dejar indiferente a nadie, magistral, porque llegan ahí donde es tan difícil llegar, al alma de las personas.

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