“De bien nacido es ser agradecido”

“De bien nacido es ser agradecido”

Eso dice el refranero español, y no creo que se equivoque. Pero y ¿qué pasa con el que no acepta los agradecimientos?. Es bien nacido  o es un mal nacido.

Lo digo porque hace ya mucho tiempo que los halagos me incomodan, que los agradecimientos me sobran y que los regalos me molestan. Quiero estar tan lejos de la gente que ni siquiera acepto que me agradezcan lo que ellos quieran agradecerme. Quizá es que yo considere que no hay nada que agradecer, que lo que haga o no haga yo no tiene ningún valor porque yo no considero que lo tenga. O simplemente es que soy un desagradecido y un prepotente que creo estar por encima de los demás.

Todas las opciones son posibles. Pero la sensación extraña que me queda cuando alguien me agradece o me regala algo es desconcertante. Hace años que dije que no quería que nadie me regalara nada, y en casa casi lo he conseguido ni cumpleaños, ni navidades, nada. Y lo que para unos sería un fracaso o algo malo, para mi supone la tranquilidad. Esa tranquilidad que me aporta la rutina y los momentos en los que estoy a gusto con algo o con alguien. Tampoco soy muy de regalar. He llegado a un momento de mi vida en el que me sobra todo, la ropa, la tecnología, la comida. Mi desgana existencial hace que todo lo que me rodea me suponga un esfuerzo extra que en la mayoría de los casos no me merece la pena. Que el día pase es lo mejor del día, salvo cortos momentos que comparto con ciertas personas de los que hay veces que me gustaría que duraran mas, incluso que se convirtieran en costumbre. Momentos de tranquilidad que permiten que mi alma atormentada se sienta liberada del peso con el que día tras día carga.

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Fin

Si no estuviera tan cansado quizá hoy saliera huyendo, dejando atrás todo y a todos. Quizá si no estuviera tan cansado tendría ánimos para discutir y luchar por lo que es mio. Quizá si no estuviera tan defraudado intentaría cambiar las cosas. Quizá si todavía me importara algo en la vida pondría un poco de interés en mi y en lo que hago.

Pero no son quizás, son realidades. Estoy cansado de mi y de los que me rodean. Aburrido de un trabajo en el que no hay futuro y en el que ni siquiera cobro. Harto de ser paño de lagrimas del que nadie se acuerda y al que cuando esta mal solo le preguntan que le pasa. Desencantado de la vida y de la gente. Definitivamente harto de vivir.
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