Culpa

He aqui al culpable, – decía el abogado- este hombre es el responsable de gran parte de las cosas que estamos hoy juzgando aqui.
Podriamos decir que es el Dios del caos, todo lo que toca, a todo lo que se acerca, todo lo convierte en caos, desorden, problemas y finalmente el desastre en cualquiera de las multiples formas en las que este se puede presentar.

En la sala, los jurados miraban curiosos al acusado. Aparentemente nadie diria que alguién como él pudiera ser capaz de provocar todo aquello de que se le acusaba. Detras de los banquillos el público era incapaz de mantenerse en silencio, un rumor permanente se oia en la sala. La gente comentaba las acusaciones y se inventaban algunas nuevas que podrian añadirse a la lista de acusaciones en futuros juicios, que seguro se producirian.

El juez, incredulo ante la lista de acusaciones, miraba al abogado defensor buscando en él algo que le dijera que todas esas acusaciones eran falsas. Tras muchos años de carrera sabía que nadie podia ser culpable de tantas cosas, no había nadie tan estupido como para cometer tantas acciones que pudieran acabar en acusaciones.

Finalmente, en la sala habia un persona, insegura de si misma, dudando de todo, y camino de autoconvencerse de que todo lo que alli se decía era cierto. Empezaba a creer que alguién podria ser realmente culpable de cosas en las que no había participado. Tanto la accion como la omision, el conocimeinto o el desconocimiento, la presencia o la ausencia podian ser motivo para culpar a alguién de cualquier cosa que saliera mal. Esa persona era el acusado.

Alguién que nunca había hecho nada, que siempre se había mantenido en una segunda linea precisamente para evitar esta situación. Pero desgraciadamente para el, había nacido con un sino, el de ser chivo expiatorio. Demasiados silencios, demasiado aguantar, demasiada discrecion le convertian en la persona ideal a la que echar la culpa de todo. Y eso en este mundo, en el que los errores se producen a un ritmo igual de vertiginoso que la capacidad de la gente es capaz de invertar excusas o culpables, era imperdonable.

Solo de eso le tendria que haber juzgado, de ese delito imperdonable que es ser un chivo expiatorio, un tipo en el que escurrir el bulto, alguien a quien culpar, de ser un paria social al que nadie se va a preocupar de defender. Ese era su delito, el único que no aparecia en la lista de la acusación. El unico por el que no se le iba a juzgar en la sala, pero el unico por el que se habia juzgado en el dia a dia.

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Cargas

Caminando absorto por el sendero, su mirada reflejaba la lejania de su pensamiento. Caminaba entre los arboles que filtraban con destellos la brillante luz de ese mediodia primaveral. Iba solo, se había alejado del resto de grupo quedandose rezagado, disfrutando de esa compañia tan extraña que es la de uno mismo.

Apenas prestaba atención a lo que le rodeaba, era un recorrido conocido, frecuentado por mucha gente y cientos de veces caminado. La inercia le llevaba paso tras paso en pos de os demas.

Levaba unos dias distraido, absorto en sus pensamientos, preocupado por el rumbo que tomaban las cosas a su alrededor. Quería alejarse de todo lo que le rodeaba, de los problemas que aparecian sin cesar, de las opiniones y preguntas, pero todo intento por lograrlo parecía inutil.

Asi que ese fin de semana había decidido dejar su rutina y salir a caminar, alejandose de sus conocidos, alejandose de su entorno. Buscaba la paz que el dia a dia le estaba robando.

Un ligero ruido se escucho, pero él no se percato. En su interior no había ruido, estaba tranquilo y calamado. Otro ruido mas fuerte, un crujido, y un pequeño estruendo hicieron que el grupo se detuviese sobresaltado, mirando alrededor buscando donde se había producido el ruido.

No se veia nada, no se oia nada. Todo había vuelto a la tranquila normalidad de aquella apacible mañana.

Pero a unos cientos de metros de donde se encontraban un arbol había cedido, y una pesada losa de piedra habia salido de su estatica posición y se había deslizado por la ladera hacia el sendero. Alli descansaba de nuevo la piedra, retornando a su quietud natural, tapando con su pesada carga otra pesada carga que acababa de desaparecer.