Su turno


Siempre era el primero en llegar, el primero en entrar, el primero en salir. Siempre tenía que ser el primero en todo. Aquello era una obsesión que le atormentaba y le impulsaba a actuar siempre de forma precipitada.

No era aquel día distinto de los otros muchos que hasta entonces había vivido. Se levantó temprano. Desayuno, como siempre, de pie. Salió de casa y aceleró para llegar al ascensor antes que el vecino. Salió a la calle y el frío le azoto el rostro.

Caminó con paso ágil hacía la panadería, tenía por costumbre ser el primero en comprar el pan. Llegaba siempre tan pronto que tenía que esperar a que abrieran.  Hoy le tocó esperar algo mas de la cuenta porque la dependienta se había quedado dormida. Cuando entró en la panadería estaba aterido, un ligero carraspeo y una mala mueca hacía la dependienta fue el saludo de aquel día. Unas breves palabras de reproche por haber abierto tarde y salió con el pan en la mano.

El coche le esperaba en el garaje. Hoy seguro que ya era el primero en salir.
– Maldita dependienta que me va a hacer llegar tarde – pensó para si mismo, justificándose por no ser el primero.

Llegó al trabajo el primero, casi una hora antes que los demás. Se sentó cómodamente en su silla y encendiendo el ordenador se puso a leer la prensa mientras hacía tiempo a que llegaran los demás compañeros.

Dio la una en el reloj y salió precipitadamente, corriendo escaleras abajo para llegar antes que nadie al bar donde solía comer. Nadie había llegado todavía, todas las mesas estaban disponibles. Eligio una al azar, no tenia ninguna favorita así que cada día elegía una distinta. El camarero que ya le conocía, se hizo el remolón una rato esperando a que llegara alguien mas y así atender a alguien antes que a él. Al final no tuvo mas remedio que atenderle el primero pues nadie había llegado hasta el local.

Comió sin prisas, pero evitó tomarse el café para salir el primero de nuevo hacía el trabajo. Subió en el ascensor esta vez y entró en la vacía oficina.
La tarde pasaba  lentamente. Por fin dieron las cinco y media.

Otra carrera escaleras abajo para ser el primero en coger el coche y regresar a casa. Por el camino escuchaba la radio.
– Hoy, grandes ofertas en tiendas Pri,S.A. Los primeros en llegar tendran descuentos de mas del 50 %. – decía el locutor, acompañadas sus palabras de una pegadiza melodía.

– ¡Esta es la mia!, – pensó- tengo que llegar el primero. Seguro que hay algo que me pueda interesar. Doble satisfacción: ser el primero y encima encontrar algún chollo con el que poder fardar ante los demás.
Escucho el resto del anuncio con atención para enterarse bien de la dirección, la hora de apertura, etc, etc.

Inquieto, se fue a dormir pronto aquella noche. Quería madrugar mas de lo normal para que no se le escapara aquella oportunidad de dejar nuevamente constancia se su primacía y superioridad frente a sus iguales.

El despertador sonó de madrugada, se vistió deprisa y salió sin desayunar. Cogió el coche y partió raudo hacía su destino.

Llegó mucho antes de que la tienda abriera, mucho antes incluso de que llegasen alguno de los cientos de curiosos que se acercarían a la tienda bastante mas tarde.
Se apostó el primero en la fila que suponía iba a formarse.

El tiempo pasaba y allí no aparecía nadie. Empezó a tener frío y se acurruco en el hueco de la puerta intentando protegerse del frío airecillo que corría por la solitaria calle. La puerta se abrió al recostarse contra ella.

La termino de abrir con el brazo y dio un paso para asomarse al interior de la tienda. No tenía intención de colarse, así que dio un par de voces preguntando si había alguien. Nadie contestó. volvió a salir y miro alrededor. Todavía no había llegado nadie.

Se decidió a entrar, al fin y al cabo era el primero y tarde o temprano sería su turno y podría entrar. Qué mas daría que fuera un poco antes que un poco después. Así que volvió a abrir la puerta con el brazo y dio un par de pasos al frente.

Un fuerte ruido fue lo que escucho. Lo siguiente que noto es que estaba en el suelo con un fuerte dolor en el pecho. Su turno no había llegado pero el se adelantó. Una bala del guardia de seguridad fue la oferta del día que consiguió por ser el primero, por no esperar su turno.

 

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