El final del abismo.

Al final ha pasado lo que suponía que iba a suceder. Era cuestión de tiempo, horas o días, que el desenlace fuera el que ha sido. Llevo 24 horas intentando salir lo menos posible por el miedo cobarde a encontrarle muerto. Sin embargo desde que le vi ayer como estaba siempre que he salido me he acercado, le dicho algo, le he acariciado, he intentado estar con él. Pero ese miedo cobarde al sufrimiento de los demás, a lo que pudiera tener había sido demasiado fuerte para aguantar a su lado.

Pero esta tarde he bajado. Era una excusa para salir a ver si el desenlace se había producido o no. He bajado y ya casi no quedaba nada de vida en él. He pedido a Dios (a ese Dios que no sé si existe) que le dejase morir. Y cuando me volvía a subir he oído ese aullido que dicen que anuncia la muerte. He acudido a él, y entre mis manos se ha ido. No hay palabras para esto. Ni siquiera las lagrimas que derramo mientras escribo esto sirven para expresar la sensación de ver y sentir morir a alguien. Quisiera no tener que repetir este momento, pero me temo que la vida no me lo va a permitir. Cuando vuelva a suceder seguiré sin estar preparado y las lagrimas volverán a acudir a mis ojos.

Descansa en paz, fuiste un buen compañero, un fiel amigo y feroz defensor…

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Profundo abismo.

Lagrimas han vuelto a asomar a mis ojos, porque hoy, ahora, acabo de ver los ojos a la muerte. Acabo de mirar a los ojos de Zoco, uno de mis perros, y he visto en ellos el vacío profundo e insondable que sólo la muerte puede traer a este mundo.

Lagrimas de impotencia al ver como se va, o al ver como la muerte se lo lleva. No es demasiado mayor pero llevaba varios días que casi no comía (aunque nunca ha sido buen comedor), y aunque hemos probado varias cosas hoy mismo le he dado de comer y no ha querido comer. Lo peor es que le he regañado por no comer y él se ha ido acobardado.

Lagrimas que han venido a mi, cuando al mirar sus ojos los he visto vacíos. Lagrimas que han sido mas por mi que por el. Ojala me equivoque y las cosas cambien pero …lo que mal empieza, mal suele acabar. Parecen tiempos se cambio, tiempos de crisis. Y el vacío que he visto en sus ojos es muchas veces el que veo en mi. Es el vacío de saber que no hay nada mas allá de un tiempo, que no tienes nada mas que esperar. Es el vacío suplicante del que busca compañía para afrontar los momentos mas o menos largos que nos queden en este mundo.

De los que sé que leeis este blog ninguno le conocéis, algunas han visto su foto, algunos habréis oído hablar de el. Es excesivamente cariñoso, quizá hasta dependiente,cobarde ante la ofensa, agresivo ante lo exterior, sumiso en muchas ocasiones y eternamente agradecido. Quiza sea como muchos otros, pero este es mio, ha vivido conmigo. Y aunque la relación que hemos tenido no haya sido tan intensa como con dos de sus predecesores, también hemos sido compañeros de confidencias.

Ojala me equivoque en mis suposiciones….

Memoria

Te echo de menos, te echo de menos y nunca te he tenido. Cómo es posible sentir añoranza de lo que no has perdido.

Te conozco, te he visto, hemos hablado, hemos compartido tiempo y espacio, ideas y palabras, gestos y sentimientos.

Te perdí sin haberte tenido. Te conocí sin haberte visto. Te encontré sin haberte buscado. Te quise sin poder demostrartelo. Te quise olvidar sin haberte echado de mi memoria.

Esta tarde se me ha nublado la vista, un momento, un instante. Tu recuerdo vino a mi y sentí un vacío inmenso. Aunque siga adelante, aunque caiga y me levante, aunque intente olvidar y ocupar ese hueco en la memoria, tu sigues presente. Quisiera olvidar, pero no quiero olvidarte. Cómo se puede olvidar sin olvidarte.

Significado

Fiesta y vacaciones para celebrar una muerte. Fiesta y vacaciones para celebrar aquello que ya casi todos ignoran.  Fiesta y vacaciones para celebrar aquello que ya casi nadie es capaz de hacer. Semana santa, santas vacaciones. Qué queda de aquello que debería ser recordado. Ya nada o casi nada, o mucho con poco sentido, o ostentosos actos de fe, o …

Si el tiempo pudiese volver atras, si nosotros pudieramos ver lo que sucedió, qué es lo que veriamos. Cuanto de verdad o de mentira hay en esa gran historia que es la religión. Yo me quedo con la historia por entretenida, por ejemplarizante. Poco me importa si sucedió o no. Tomemoslo por una fabula como las de Esopo o Samaniego. La religión al fin y al cabo es sólo eso, una fabula que pretende que nos comportemos bien.

Dejemos a un lado la iglesia, sus sacerdotes y su Papa. Veamos sólo a la gente, veamos sólo las imagenes que estos dias salen por las calles de nuestros lugares. Veamos belleza, veamos tradición, veamos sacrificio y respeto, veamos sobre todo mas alla de lo que vemos. Emocionemonos pensando que aquella historia que nos contaron fue verdad, que hace años alguién murio por defender una idea, que alguien luchó y dió esperanzas a la gente, que alguién consoló a los mas pobres y desahuciados de la sociedad, veamos a una madre que lo dio todo y sufrio todo por su hijo, veamos a unos amigos fieles a su amistad hasta la muerte, veamos la barbarie de la gente, lo odioso del poder, lo falso de las creencias, lo fariseo de las religiones.

Es una semana para pensar en que todo lo que pasó no sirvió para que el hombre cambiara, que sólo algunos aprendieron la lección, y que esa lección aprendida les costó la vida, les costó la indiferencia, la repulsa o el odio de la gente. Podría haber miles de semanas santas porque a lo largo de los años ha habido miles de jesucristos que han muerto por defender un ideal de justicia, porque a lo largo de los años ha habido millones de madres que han hecho sacrificios inmensos por sus hijos.

Por eso esta semana es santa, no por la religión, no por la iglesia, no por las procesiones, ni siquiera por las “santas” vacaciones. Es santa porque en ella deberiamos de recordar a todos aquellos que hicieron algo por hacer de este mundo y esta vida algo mejor para todos.

Folio en blanco

Una hoja en blanco.

Eso fue todo lo que encontraron al abrir el sobre. Se habían reunido todos. Años, quizá décadas, hacia que no se juntaban todos. Pequeñas rencillas habían ido creciendo y lo que empezó siendo una broma de mal gusto acabó convirtiéndose en un odio casi visceral.

La habitación era fría, fría de impersonal. Una mesa, una estantería repleta de libros, un sillón tras la mesa y unas cuantas sillas rellenaba malamente el amplio espacio de la sala. Un verde pálido, ya grisáceo por los años mal tapaba la blanca pared. Una ventana de madera ya casi desvencijada crujía con los embites del fuerte viento que soplaba.

Se movían como sobras entre la penumbra de la habitación. Estaban allí porque habían esperado encontrar algo que desde luego no encontraron. Les habían convocado y no sabían quién había sido y para qué.

Cuando entraron en la sala sólo había un sobre la mesa. Nadie que les explicara, nada que les indicara alguna respuesta. Según habían ido llegando al edificio se había ido encontrando. Viejos amigos, todos se conocían pero casi ninguno se hablaba. Compañeros de instituto, de universidad, algunos del trabajo. Incluso había algunas historias amorosas con mal final. Todos se conocían pero ninguno sabía quien les había convocado, todo eran especulaciones, suposiciones. Buscaban puntos en común, pero había miles de lazos que les unían. Muchos eran “amigos” en las redes sociales…

Llego la hora, las seis y seis. La puerta de la sala se abrió. Se quedaron mirando, esperando que saliera alguien. Pero nada, ni nadie apareció.

Expectactivas que se frustraron en un momento.