Muerte.

¿Qué se siente? Siempre he tenido curiosidad, algunos lo llaman morbo. Tengo una relación de cercanía con ella, la admiro y apenas la temo si es para mi. Hay mas miedo a la muerte de los demás que a la mía propia. Será este desapego mio a las cosas de este mundo, este desapego a la vida el que me haya hecho ser tan próximo a la muerte. Siempre me afecta, pero es mas el hecho de ver a los vivos lo que me causa a veces profundo dolor.

La muerte es liberación, por lo menos a mi siempre me lo ha parecido. El que muere descansa eternamente (por lo menos hasta que me demuestren lo contrario) por muchas cosas que le quedaran pendientes de hacer en esta vida.

No tengo interés en una vida mas allá de la que tengo ahora. Si he de vivir mas allá de mi muerte desearía que fuera en la memoria de los que me conocieron. Si hay algo que no hice en esta vida mis motivos tendría o no estaría de pasar. Eso no significa que renuncie a conseguir aquello que deseo desde mi interior, pero desde luego (y por mucho que se empeñen algunos) contra la vida no se puede luchar.

Ahora como otras veces anteriores en las que la muerte me rodea me confirmo en mis pensamientos, y vuelvo a hacer patente nuestra debilidad y cobardía ante la muerte. Aunque no sea ella realmente quién nos asusta y nos atemoriza sino que sea la vida. Somos nosotros los que quedamos aquí los que lloramos, los que sufrimos por el que se ha ido. Pero yo creo que no. Lloramos por nosotros que quedamos aquí, lloramos porque hemos perdido a alguien que era importante para nosotros, porque hemos perdido un apoyo, un compañero, un amigo que estaba junto a nosotros en esta vida, porque hemos perdido a alguien en el cual nos apoyabamos para poder seguir adelante en este camino.

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Terremoto.

Desolación. Un breve instante había arrasado una gran parte de su vida. ¿Con qué ojos miras lo que queda a tu alrededor?. Inmóvil, inerte, de pie en medio de una nada. El mundo gira a su alrededor mientras el permanece quieto. La vida parece que sigue adelante, pero para él se ha detenido.

En un momento parte de lo que le había acompañado toda su vida ha desaparecido. Sólo quedan restos, restos que lo único que hacen es recordarle lo que acaba de perder.

Su rostro es inexpresivo, no hay tristeza, ni rabia, ni miedo,…, sin embargo todo eso está bajo esa capa de inexpresión. El corazón duele, parece que ha dejado de latir.

Otro se acerca a él, son amigos, conocidos, compañeros. Se abrazan y todo lo que no se ve sale de golpe. La tensión desaparece y surge el dolor. Lamentaciones y muchos por qués. No queda nada mas que llorar, sacar todo lo que tienen dentro.

Pero la vida es implacable y hay que continuar, hay que sacar fuerzas de donde no las hay, hay que reconstruir la vida que acaban de romper.

Bien podrían estas lineas hablar de lo sucedido en Japón, sin embargo es algo mucho mas cercano, mas próximo, mas personal lo que expresan. Descanse en paz.

Aclaraciones

Por qué todo el mundo piensa que centrar la mirada en lo negativo es sólo negro. La vida son grises, bueno o malo conviven en nuestra realidad. Entonces por qué el tener mas presente lo negativo que lo positivo es negro y no gris, aunque sea un gris oscuro.

El simple hecho de priorizar lo negativo no implica la negación de lo positivo, al contrario lo valora y lo realza mucho mas. Aprendes a disfrutar mas de lo poco o mucho bueno que la vida te vaya dando pues al tener presente lo negativo el contraste es mayor. Cierto es que el desencanto al perder lo bueno es mayor que mirando la vida desde el otro lado del prisma, pero los recuerdos positivos son intensos, tan intensos que producen dolor al saberlos perdidos.

Desde siempre he visto el lado negativo de las cosas, y desde siempre he tenido un carácter tendente a la melancolía. Pero siempre hay un trasfondo de mejora, de búsqueda de lo positivo. La desgracia es que la realidad deja pocas opciones a la mejora de lo negativo, puesto que la realidad siempre es mas negra que blanca en su conjunto.

Hay que tener una actitud muy especial para poder continuar con la vida cuando lo negativo te abruma y te rodea una oscuridad que no te deja ver el futuro. No sé si yo la tendré o no, puesto que muchas veces he caído en pozos profundos de  los que me ha costado mucho salir, pero he salido y no lo he hecho persiguiendo una luz sino caminando entre las sombras, rodeado de la realidad, de mi realidad, de mi oscuridad.

Los que me conocen habrán visto las dos caras de mi. El lado oscuro es mio, es mi forma de vivir la vida y de enfrentarme a la realidad que nos rodea. El lado brillante es la cara amable de mi personalidad, la que esta de cara a los demás, la que intenta que lo oscuro que a mi me invade no invada la realidad de los demás. Esta mañana según venía a trabajar pensaba que mi trabajo consiste en que las cosas no vayan demasiado mal. No es un mal objetivo asumiendo como va la vida….

Corto, corto y negro, negro y vida. Vida.

Se amontonan las ideas en mi cabeza, pero la puerta de salida es demasiado estrecha. Hay ideas pero no  hay historias, no hay un futuro detrás de un pensamiento. Y que es sólo una idea…         

Cada día es una rutina en la que nada es real mas allá de unos minutos.  Busco emociones que me lleven al limite de la realidad, al limite de la vida. Pero es demasiado para esta mente cobarde.

La realidad inexistente no existe y la realidad existente no la vivo, así que estoy en el limbo. Es el purgatorio, no hay dolor, sólo hay duda, ansiedad por saber cual será el destino a tu juicio. Pero el juez eres tu, te conoces bien, pero tienes demasiados prejuicios, tienes demasiadas ideas de cómo deberías ser, de lo que deberías conseguir. Entonces cómo ser juez imparcial, cómo decidir hacía donde deberías marchar.

El cielo y el infierno. Soñemos con el cielo, vivamos en el infierno. Podemos hacerlo al revés ¿? Por qué ver sólo lo bueno, qué gano con ello. por qué ver sólo lo malo, qué gano con ello. Cual es el objeto de mi vida, eso marcara la prioridad a la hora de ver. Eso dirá si quiero vivir engañado disfrutando lo bueno y aprendiendo y olvidando lo malo,  o si quiero vivir lo bueno sin ignorar lo malo, luchando contra ello, poniéndolo en el centro de mi vida.

 

Los surcos de la tierra.

Tarde de viento, tarde de frío. El aire me corta la cara mientras estoy de pie en medio de una tierra de labor. Mi mirada se pierde en el infinito, mis ojos tras los cristales de las gafas miran ensimismados el paisaje.

La tierra me rodea, y en los campos de labor alternan los colores de la naturaleza.
Los marrones intensos de las tierras recién aradas, todavía húmedas de la lluvias hace poco caídas, surcadas por los hilos grisáceos de paja. Paja húmeda,  que antes estuvo seca, crujiente, cuando el sol del verano la seco para que pudiera ser cortada por el agricultor.
En los colores pardos de las tierras en barbecho todavía se distinguen los surcos de la siembra del otoño de hace dos años, la mirada se pierde siguiendo las lineas que dejo la cosechadora al segar el grano en ese mes julio. La paja todavía erecta sobre el campo, esperando a que el labrador la entierre en la tierra, que la devuelva al lugar del que salió, que la entierre para que alimente al nuevo grano que nacerá el próximo otoño.
El verde, las miles de tonalidades del verde que el cereal presenta en estos albores de la primavera. El verde intenso de los trigos ya crecidos, que se mecen al ritmo del viento frío que sopla en medio de la nada. El tono amarillento de los que todavía no han conseguido que el sol les quite el exceso de humedad de este invierno lluvioso y frío. Los miles de tonos que da el verde del cereal de distinto tipo, de distinta altura, las lineas que se cruzan en los surcos oscureciendo o aclarando los verdes.

A mi lado un agricultor esta arando una tierra. El tractor avanza poderoso por el rastrojo, tras él un arado va rompiendo la tierra. El grisáceo de la paja se convierte en marrón de la tierra recién roturada. Una vuelta tras otra el barbecho va desapareciendo, el suelo liso y compacto se va convirtiendo en un suelo de terrones, de informes montones de tierra, de paja retorcida, enterrada a medias. En unos minutos una vuelta, y luego otra, y otra,… y así en apenas una hora habrá alzado el rastrojo del año anterior.
Ensimismado en estos pensamientos mi imaginación vuela hasta el pasado. Cuanto tiempo sería necesario para arar esta misma tierra. Cuantas horas tendrían que echar esos antepasados míos que con el amanecer del día enganchaban los bueyes y con un simple arado salían a trabajar en el campo. Cuantas gotas de sudor correrían por sus curtidos rostros en las tardes frías como la de hoy.
Cuanto tiempo y cuanta gente se necesitaría para labrar toda la extensión de tierra que se mostraba ante mi. Que tiempos aquellos en los que el hombre y la naturaleza estaban mas unidos que ahora, en los que todo era mas simple porque la naturaleza era madre y maestra, regia las vidas y ordenaba el trabajo…

Vuelvo a esta tarde fría, miro la labor que esta haciendo el labrador. Miro la tierra, y entre los terrones de tierra un pequeño pájaro esta posado. Salta de terrón en terrón sin asustarse por el ruido del tractor, ni por mi cercana presencia. Agilmente eleva el vuelo y desaparece. En apenas unos segundos vuelve a posarse, pero ya no está solo. Ahora hay otros tres, que ajenos a nuestra presencia saltan por la tierra recién arada. Mientras miro sonriente a estos pajarillos una sombra blanca se mueve lentamente un poco mas lejos. Dirijo mi mirada hacia allí. Una cigüeña vuela bajo y lentamente. Con una agilidad innata el ave toma tierra justo donde acaba de pasar el tractor. Ni siquiera le echa una mirada. Empieza a caminar por la tierra. Sus finas patas se mueven con elegancia y lentitud mientras va picoteando la tierra con su enorme pico. El tractor ha dado la vuelta y se dirige hacia ella. No se inmuta y continua su camino, apartándose lentamente e introduciéndose en la tierra ya arada. Cuando considera oportuno inicia una carrera que la lleva a un despegue lento y majestuoso. Alza el vuelo hacia alguno de los muchos nidos de cigüeñas que albergan los campanarios de las iglesias del pueblo.

Ya termina de alzar la tierra el agricultor, ya termina lo que tenía que hacer en el campo. Es hora de abandonar la simplicidad y la tranquilidad de la naturaleza para volver al complejo y absurdo mundo en el que vivimos. Mientras contemplo como termina la labor pienso en los momentos que he vivido mientras el aire frío me curtía la cara, pienso en la gente que habría estado antes que yo en este mismo sitio y sobre todo pienso en la persona que me gustaría que estuviera a mi lado disfrutando de las mismas sensaciones que yo he disfrutado esta tarde.