Transparente.

Un cristal limpio y transparente la separaba. Aunque estaba a este lado del cristal sentía profundamente el frío que hacía fuera. El cristal se empañó con su cercanía, y acercó la mano para limpiarle. El contacto de sus yemas con el frío la dio escalofríos. Se detuvo y pensó, por qué borrar aquella efímera pizarra. Allí podría escribir sus mas profundos secretos, su anhelos mas intensos. Allí podría desahogarse escribiendo todo aquello que se quedaba día a día dentro de sí misma.

¿Qué sería lo primero que dibujaría?, se preguntó quien miraba desde la acera de enfrente. Apostó a que sería un corazón. Quién no había tenido la tentación de dibujar un efímero corazón en un cristal. Un corazón herido por las flechas de amor. Y dos nombres.

Sus dedos se despegaron del cristal, cinco puntos quedaron marcados. Se quedó mirándolos. Nada parecían significar,  pero todo podían decir.

No pasaba nada en la ventana de enfrente. Qué vida mas aburrida tiene la gente,- pensó él ,mientras se daba media vuelta y se alejaba de su ventana. Se dirigió a su sillón. Nada tenía que hacer aquella tarde. Una rutina de inactividad vespertina le llenaba ahora las tardes. Se aburría mientras miraba en derredor suyo. No había nada que le atrajera. Puede que en las estantería apareciera algún libro que le distrajera, o puede que en la tele hubiera algo digno…

Su corazón empezó a latir con fuerza. Sus ojos se llenaron de lagrimas. Su mano tembló y acercando un dedo a cada punto hizo que una gota se deslizara de cada uno de ellos. Esos puntos lloraban. Esos puntos eran momentos de su vida. Momentos que la habían hecho llorar. Había alegría, y había dolor. Pero en todos ellos había lagrimas.

Lagrimas transparentes. Lagrimas que transparentaban su alma y que la mostraban todo aquello que mas había sentido, aquello que la había marcado, a aquellos que mas había querido y a aquellos que mas la habían dañado.
En cinco puntos estaba toda su vida. Aquella tarde sería de intensas sensaciones. Todo lo que quería hacer quedo al margen. Su vida la esperaba en esas gotas, su vida estaba tras esas gotas. Pasado y futuro en transparente materia, claro camino por  el cristal, metáfora de unos recuerdos que serían el punto de partida de su vida .

¿Perdido?

En la sala de los espejos, miles de imágenes de si mismo se repetían una y otra vez. En todas estaba y en ninguna se encontraba. Cada reflejo era simplemente una sombra de si mismo,  ni siquiera cada uno reflejaba una parte diferente de si. Pero ¿tenía tantas facetas como espejos había en esa sala? el sabía que no, pero sabia que tenia por lo menos dos caras y un término medio.

Quizás fuese mas real su imagen con los espejos deformantes. Esas imágenes distorsionadas de si mismo se parecían mas a el mismo que la imagen fiel de los cientos de espejos. La imagen reflejada, distorsionada por el cristal era la proyección oculta de su persona. La imagen devuelta por el espejo plano era esa fachada que enseñaba al mundo, lo que el mostraba al entorno.

La realidad era otra. No era la imagen agradable que devolvía es espejo plano. La realidad era la imagen deformada, monstruosa a veces, cómica otras veces que le devolvían los espejos cóncavos y convexos.
Su personalidad tenía mas curvas, muchas curvas que todos los espejos que allí habia. Era retorcida, maquiavelica, cruel, despiadada, rencorosa,… pero también era sencilla, clara, compasiva o benevolente.

Cómo poder mezclar cosas tan opuestas, pero sobre todo cómo conseguir mostrar todo aquello al mundo. Como con los seres deformes en la antigüedad, había decidido encerrar bajo llave a ese Hyde que tenia dentro. Pero esos espejos le habían hecho recordar que detrás de una imagen impecable había una imagen que esconder.

 

Salio de la sala de los espejos. Allí estaban sus amigos, la chica con la que estaba, su entrono mas cercano. Los que se supone que le conocían. Sonrió, mientras en su interior se revolvía ese otro yo,  y continuo mostrando esa imagen perfecta que tanto tiempo le había costado pulir. Como una atracción de feria enseñaba sólo aquello que quería que vieran, sólo aquello que sabía que la gente quería ver.

Un dia cualquiera

La fría mañana venía con sorpresa. Cuando se levantó de la cama nada la hizo pensar que el día fuese a ser distinto a cualquier otro. Una ducha rápida para quitarse la pereza después de una noche de descanso, un café con leche para aguantar hasta que llegara a la oficina, vestirse y salir a toda prisa pues como todos los días se la hacía tarde.

La carretera estaba atascada,… ¡maldita manía que tenemos todos de ir a la misma hora a trabajar!. Una sonrisa mientras escuchaba el programa “despertador” de su emisora musical. Mejor no escuchar las noticias, ya habría tiempo a lo largo de la mañana de irse cabreando sin necesidad de escuchar lo mal que esta el resto del mundo.

Llegar a la ciudad era lo peor de lo peor. Si la carretera era una trampa, las calles de la ciudad eran como serpientes que atrapaban con su rigidez a los coches que quedaban inmóviles durante minutos interminables. Un coche que no para en un cruce…, bocinazo, malos gestos, tras el otro cristal un chaval que parecía majo y guapo, responde a sus ademanes con un mal gesto.

Por fin llega al trabajo…, ahora hay que aparcar. Menos mal que en la oficina tienen aparcamiento propio. Bueno mas o menos propio, plaza hay…lo que pasa es que hay que encontrar la que esté libre.

Ya llegó. El ascensor subía igual de lleno que todos los días, pero hoy no se notaba ese peculiar olor de las multitudes en pequeños espacios. Al salir se encuentra con su compañera, y juntas se dirigen a su oficina.

La mañana pasa sin ninguna novedad, nada de prisas, nada de problemas, nada de broncas. El jefe no aparece en todo la mañana por su oficina, la jefa de su sección parece que esta de buen humor. Todo marcha increíblemente bien.

Hora de la comida. Reunión de compañeros junto al ascensor. El jefe de personal ejerce y recuenta a ver si estan todos los que suelen ir a comer juntos. Parecen una excursión del colegiales. Lastima que no pueda volver a esos tiempos.

Ya de vuelta en la oficina. La comida de hoy estaba especialmente buena, nada fuera de lo normal, pero estaba…distinta. Quizá haya sido la compañía.

Ya acaba la jornada. Lleva un rato largo mirando como avanzan lentamente las manecillas del reloj. Por fin se sitúan en su posición y … salida a la carrera. Hay que intentar evitar el atasco, o los atascos (que hay uno en cada sitio: ascensor, aparcamiento, calles, carretera,…)

Por fin llega a casa. Ahora a descansar. Un poquito de relax y luego ya verá si quedas con las amigas o no. En la mesa de la entrada se ve un puntito rojo. Es el teléfono avisando de que hay un mensaje en el contestador.

Descuelga el auricular y espera a que empiece el mensaje…

Y ahora…, decirme que mensaje os gustaría escuchar:

Arriba y abajo, capítulo II

 Una pantalla ante los otros dos personajes se iluminó y sus rostros mostraron sorpresa. ¿Qué hacía aquella pantalla encendida?, ¿por qué se había encendido?. Dirigieron sus miradas hacia ella. El negro monitor enseguida cobro vida, y un serie de lineas empezaron a surcar su superficie. Una imagen, texto, un espacio negro, mas texto.
Los dos hombres movían sus ojos rápidamente de un lado a otro devorando la información que allí aparecía.

Mientras tanto, él se entretenía en buscar algún dato que le dijera qué se controlaba desde allí. La oscura sala no tenía marcas, ni logos, sólo una profunda oscuridad rota por luces estratégicamente colocadas. Todo estaba perfectamente impoluto, nada que diera una pista sobre lo que se hacía. Pero, pese a lo enigmático de aquel lugar, allí nadie le había preguntado nada y él podía moverse libremente por la sala. Se acercó un poco a las pantallas de los ordenadores.

Una voz le llamó por su nombre.

No esperaba que le conocieran, y mucho menos que supieran su nombre. Levanto la mirada de los ordenadores, que se habían apagado al acercarse, y la dirigió hacia donde procedía la voz.
Quién le hablaba era el hombre de negocios. Joven y bien vestido, aparentaba tener pocos años. Su voz era clara y firme. Como respuesta a su mirada sorprendida el joven le dijo:
– Sabemos quién eres, sabemos de ti mas que tu mismo.
Él se quedo callado, no sabía qué contestar. Ni siquiera sabía que hacía allí. El hombre de campo le dijo:
– No esperábamos tu visita, ni siquiera pensábamos que pudieras venir a preguntarnos. Sabemos lo que te preocupa y tenemos las respuestas que buscas.

Él no sabía de qué le estaban hablando y mucho menos que hubiera ido de forma intencionada. Ahora mismo no recordaba ni por qué había entrado en el edificio. Seguro que había una razón, el siempre tenía una razón para hacer cualquier cosa. Pero la verdad es que ahora no tenía ni la mas remota idea de que iba todo aquello.
Una tentación iba naciendo en su interior; ya que le habían planteado situaciones que ni el  mismo se había planteado por qué no acabar de resolver la situación,
– ¿qué es lo que quería saber? Ahora mismo tengo dentro de mi cabeza varias cuestiones y… no sabría decir cual es de la que vosotros estáis hablando.
– No seas gracioso, -contesto el ejecutivo-  sabes perfectamente a cual nos referimos. Llevas meses dándole vueltas al asunto.

Él estaba igual de perdido que al principio. No había conseguido averiguar de que estaban hablando. Tenía que cambiar de estrategia o se iría sin saber aquello que no sabía que había ido a preguntar…

…..Continuará….