Ficciones

Frente al televisor se hallaban sus sueños. No veía la televisión para evadirse, para soñar otras vidas, para imaginar otros mundos, para conocer otros lugares. Lo hacía justamente para lo contrario.

No necesitaba de la televisión, ya se había construido su mundo, su vida y su realidad en la cabeza. Su vida real no era tal sino un medio para conseguir momentos que encajasen en esa realidad.

Por eso no vivía, no tenía una vida por vivir, tenia una vida que vivir. Su ficción buscaba hacerse realidad, lograr lo que soñaba aunque sólo fuera un instante era un gran logro. Buscaba ansioso esos momentos soñados, esa compañía, esa situación. Había algo bello en cada momento. Una paz infinita le llenaba el alma, no necesitaba que fuera eterno, ni siquiera que fuera verdad, sólo necesitaba que pasara.

Pero toda ficción tiene su fin, y sus ficciones también lo tenían. Un día, mientras su alma disfrutaba de uno de esos momentos soñados, de esos instantes robados a la realidad, descubrió que él no quería mas ficciones, anhelaba realidades. Lo que estaba viviendo quería que fuese una realidad, no un momento, sino una vida. Se sintió lleno, lleno de ilusión, lleno de alegría, lleno de esperanza.

…el momento se acabo, y la realidad le devolvió una imagen que el no quería. Le devolvió una ficción sin guión y una realidad sin historia. Se quedo mudo, sordo y ciego. La vida dejo de existir. Ya no estaba en ninguno de los dos mundos. Se quedo solo, no quería estar con nadie, no quería hablar, ni ver, ni saber. No quería,…, deseaba algo que sabía que no conseguiría, que sabía que no sabría conseguir, que el mundo le había negado porque él nunca había salido a buscarlo.

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Un parentesis

¿Cómo olvidar? Me hago la misma pregunta cada noche mientras miro al techo de la habitación, mientras mi memoria recuerda una y otra vez ese pasado…
¿Por qué tantas veces la felicidad pasada hace tanto daño? No debería ser al revés. ¿No deberiamos disfrutar con nuestros buenos momentos?
Cuanto hay de injusto en esta memoria traicionera y ruin, que de vez en cuando nos asalta como una bandolero en mitad de la noche. Traer un pasado feliz, para recordarnos un presente infeliz.

Si ese pasado volviera, ¿sería igual?. Esa memoria no hace creer que si, pero seguramente no sería así. La historia dice que el pasado siempre se repite, pero no creo que eso sea aplicable a nuestro pasado. Cada vez el presente es distinto, ¿es una suerte o una desgracia?, creo que nunca tendré una respuesta clara, siempre dependerá de las muchas cosas que rodeen a cada momento.

Y ¿si fuera igual? ¿qué tendriamos delante? ¿una imagen del pasado, un recuerdo, o una nueva realidad? Todo son preguntas.

¿Por qué me obsesiona últimamente tanto el tiempo? Si el pasado ya pasó, el presente es efímero, y el futuro…el futuro prefiero no pensar en él, por qué pienso tanto en ello. Si mi pasado no me gusta, mi presente no me interesa y mi futuro está vacío de ilusión en qué queda cada breve instante de esta efímera vida.

P.D. Que conste que no he abandonado mi historia, seguira…así tendré que pensar aunque sea un poco en el futuro.

Arriba y abajo, capítulo I

Ante la puerta del ascensor estaba esperando un hombre alto, enjuto, de pelo largo y cano. Las manos en los bolsillos de una raida chaqueta de cuero marrón le daban un aire despreocupado. Miraba concentrado las flechas del indicador del ascensor.

Piso 10 decía el cartelito que había entre los dos ascensores. Un amplio, espacioso y luminoso hall en el que sólo estaba él daba acceso a la planta de la calle.

Un sonido metálico anunció la llegada de uno de los ascensores. Las puertas se abrieron mientras el hombre se disponía a entrar. Un par de pasitos, girarse para mirar hacia la puerta, esperar a que se cerrasen las puertas,..
Las puertas se cierran. Mira sorprendido el panel. Si estoy en el piso 10, ¿por qué sólo hay dos botones? piensa, con sonrisilla incredula. Arriba y Abajo, sólo dos botones.

Incredulo da al de arriba. El ascensor inicia un vertiginoso ascenso. Por el cristal del ascensor ve pasar varios pisos, diez, veinte, treinta, ya ha perdido la cuenta…
Frenazo, la ascensión se detiene inesperadamente. La puerta se abre. Ante él otro hall, pero este es estrecho, agobiante,… sin embargo hay una luminosidad pálida que alumbra todos los rincones del hall.

Una puerta pequeña da acceso a una sala llena de ordenadores. Miles de pantallas, millones de imagenes, sonidos, palabras. Tres personas sentadas en sendos sillones parecen controlarlo todo.

Uno de ellos parece que almacena la información que le llega al sistema. Millones de carpetas, en miles de directorios, en miles de discos duros. Alli estaba toda la información a disposición de las otras dos personas.  Un hombre de negocios y un hombre de campo, la razón y el sentido común, juntos en una misma sala, trabajando codo con codo. Quién podría pensar que eso pudiese suceder alguna vez en este mundo. Pero asi era, ellos dos decidian lo que debía hacer aquello a lo que dirigian, fuese lo que fuese.

Entró timidamente. Carraspeo para hacerse notar sin que pareciera ni impertinencia ni notoriedad. El encargado del archivo, un hombre encorvado, con gafas y un aspecto un tanto pálido, le lanzó una mirada inquisidora y volvió a sumirse en sus cosas. De vez en cuando levantaba la vista para comprobar si seguía alli y para confirmar los datos que acababa de encontrar en sus sistema.

Una pantalla ante los otros dos personajes se iluminó…

 

Continuara….

Rojo o Negro

Cuando todo depende de una bolita caprichosa, en qué queda el mundo y toda la creación. Sentado a la mesa de la ruleta, miraba embelesado como giraba la bola antes de empezar a tropezar, saltar y finalmente caer en una de las 37 casillas.

La gente apostaba de forma frenética, compulsiva. Tenían números favoritos, color favorito, supersticiones, manias. Apostaban seguros de que su número o su color les tocaría. Todos estaban igual de seguros de que ellos serían los afortunados. Y todos estaban igual de ciegos al no ver que sólo la banca ganaba.

No había apostado, no era jugador. Siempre había perdido y su  racha no parecía que fuera a cambiar aquella noche, ¿para qué apostar entonces? Sólo estaba allí mirando a los demás, viendo como algunos tenían suerte y como otros muchos perdían.

 Pensaba sobre su suerte. No podía quejarse: un trabajo, una familia, algún que otro buen amigo. Pero siempre pensaba que la suerte, la buena suerte nunca le había favorecido. Cuestión de opinión, contestaba cuando hablaba de ello con sus amigos.

La melodía de la tragaperras que acababa de dar un premio le sacó de su ensimismamiento. Miró al afortunado que recogía sus monedas y pensó -no es muy distinto a mí, por qué no probar suerte una vez mas-.

Sacó su cartera, tomó un billete de ella y apostó en la mesa de la ruleta. Negro, como su vida, no le podía fallar. El crupier giro la ruleta, lanzó la bola, giró varias veces y mientras perdía impulso y empezaba a bailar por encima de los números él se levantó y seguro de que no le tocaría se marchó.

Amén

Un desierto de piedra y arena. Una soledad infinita, un nada en medio de una nada mayor. La noche llega, la oscuridad se va cerrando sobre el desierto. Calma tensa, paisaje desolado. Oasis de paz que no es mas que espejismo.

Una suave brisa empieza a levantar pequeñas nubes de arena. La oscuridad no deja verlo, pero el silbido de la arena es fácilmente audible, recuerda al sonido de la serpiente antes de atacar. La brisa se convierte en viento, y este en huracán. La arena gira enfurecida, levantando efímeras columnas de arena que arrasarían con todo, si allí algo hubiera.

Una gota de agua…, otra…, y otra mas. Empieza a llover. ¡Milagro en el desierto!. Pero la fina lluvia pronto se transformara y será furiosa tormenta.

Las piedras del desierto flojean. Llevan años soportando estas tormentas. Están desgastadas, erosionadas. Tienen grietas y huecos por los que el viento se filtra, con la arena golpeándolas sin piedad, agrandando sus heridas. El agua las moja, las humedece. Pero llegará el sol, el sol abrasador del desierto. Y las secara. Y vendrá el frío de la noche en soledad. Y todo ello hará que le salgan nuevas grietas, y el viento las aprovechará, y…

Y las rocas van cediendo en medio de la oscuridad. No se oyen sus lamentos. La tormenta es mas fuerte que sus gritos de dolor. Nadie parece oírlas. Pero gritan y sufren.

De repente me elevo, voy flotando por el aire. Un remolino de aire me ha debido alcanzar. Voy subiendo. Cada vez veo mas lejos el desierto, cada vez mas lejos las piedras, cada vez suena mas lejana la tormenta, ya no se escuchan los quejidos de las rocas.

Sigue subiendo, ahora no sé dónde estoy. Choco contra algo, hay algo que me ha frenado. Pero en seguida recupero la ascensión. He salido del desierto, ahora veo lo que me rodea. Ahora me veo a mi. Acabo de salir de mi. Ese desierto y esa oscuridad era yo, era mi interior.

Despierto, salgo de este sueño. Inquieto por lo que he visto. Sé que es un sueño, pero también sé que tiene mucho de verdad.

Kilometros…

Cuántos kilómetros hay que recorrer, cuántos mundos hay que visitar, cuántos mundos debo de salvar para que el pasado me de otra oportunidad.

Si el futuro aun no existiera y se pudiera cambiar, qué haría para poderlo cambiar.

Si el pasado se pudiera borrar, que cambiaría para poderme cambiar.

Y si el efímero presente no se llegara a producir, dónde quedarían mis deseos y mis sueños.

Yo no viajo por el tiempo, vivo en el tiempo. Demasiado en el pasado, angustiado por el futuro y viviendo un presente lleno de sombras y decepción. No hay forma de cambiar el presente ni el pasado. Y el futuro, que no existe, ¿le podre crear?

Quisiera ser viajero temporal, no para cambiar el mundo, si no para vivir en un futuro. Que gran invento eliminar todas las incertidumbres. Vamos, vemos y volvemos (como Julio Cesar). Ya no tendremos que pensar que hacer o no hacer, ya no tendremos dudas, ya sabremos cual es nuestro destino. Por qué sufrir la incertidumbre.

Y se apagó la vida

Mi vida se extingue, lenta pero inexorablemente. El fin ha de llegar tarde o temprano. Mientras, voy consumiéndome lentamente. Sin pausa y sin prisa. Casi nada altera mi existencia, algún que otro vaivén producido por los cambios de dirección. El viento no siempre sopla como debería soplar.

Dicen que vine al mundo para iluminarlo, pero yo creo que sólo vine para consumirme. Muchos me observan mientras me consumo. Mirones que se deleitan con la vida ajena. Es lo que tiene ser algo que vino al mundo para ser público. Mi existencia esta expuesta a las miradas de todos. Nunca tuve un momento de intimidad.

Me vistieron de mil colores, y me dejaba. Dicen que soy muy maleable y que si me caliento me adapto a cualquier cosa. Nunca supe si fue virtud o desgracia. En cientos de situaciones me encontré que no hubiera deseado que pasaran. Capeé mil temporales gracias a mi flexibilidad. Pero también supe ser firme y mis daños me costo.

Soy poca cosa, casi nadie notara mi ausencia cuando haya desaparecido. Alguien con un destino tan prometedor no debería quedar en el olvido. Sin embargo así será. Sé que cumpliré mi misión, pues para eso vine al mundo. Muchos quisieran tener tan claro cual es su papel. Pero no todos esos sabrían aceptar con resignación el trabajo en la sombra, haciendo luz para que otros puedan seguir avanzando.

Soy gregaria de la humanidad. No trabajo para mi, sirvo a los demás. Altruista me dirían algunos, pero sólo soy fiel a mi destino.

Y mi destino se acaba, ya no queda nada. Mi llama se apagara, en un suspiro. Mis fuerzas flaquearan, temblaré. Y unas bocanadas anunciaran que próximo esta mi fin. Entonces y sólo entonces volvere a  la oscuridad. Esa que rompí el día en que una cerilla se acerco a mi mecha y me prendió.