…y que cada uno lo titule como quiera…


Sentado ante el teclado, el escritor rebuscaba en su mente que poder escribir. Todo lo que había empezado había terminado tirado a la papelera. Sentía que tenía dentro algo que quería salir desesperadamente, pero aun así no conseguia dar con la historia. Varios intentos de abandonar habían terminado en un lanzarse hacia la mesa para teclear la idea que le acababa de venir. Sin embargo todo acababa en la papelera.

Aburrido de mirar al folio en blanco, se volvio a levantar dispuesto esta vez a no volverse a sentar. Su imaginación estaba bloqueada. Había algo que le bloqueaba.

Camino lentamente desde su mesa hasta su cama, apesadumbrado por el vacio que notaba a su alrededor.  Se sentó en el borde de la cama. Suspiró y encorvandose un poco se sujeto con ambas manos la cabeza. La losa del soledad había caido sobre él y había acabado con sus fuerzas convirtiendole en una sombra de lo que había sido.

El no lo sabía pero en su interior anidaba la semilla de una plaga.

La noche fue muy larga. No pudo dormir, la sensación que le corroía por dentro le llenaba de intranquilidad. Dio mil vueltas en la cama mientras las horas seguian pasando. El tiempo transcurria letamente, deseaba que el amanecer llegara cuanto antes, que las primeras luces del día rompieran la oscuridad que se cernía sobre él.

Por fin la claridad que se filtraba entre las cortinas anunciaba el fin de la pesadilla. Agotado tras una noche para olvidar se incorporó, y sentandose sobre la cama se desperezó. Una sonrisa apareció espontaneamente en su rostro.  Habia recordado lo que siempre quiso escribir, pero también reconoció que ya no le gustaba escribir.

Una estupida obligación habia aplastado a la ilusión de cada palabra escrita. Era un trabajo, ya no le divertia, ya no le ilusionaba. Su mente estaba atrapada por los plazos, las obligaciones, los contratos.  Su imaginación se había quedado sin sitio entre tantos formalismos, normas y consejos. Ya nada era espontaneo, ya todo estaba dicho de antemano. Todos sabían lo que iba a hacer, porque todos hacian lo mismo. El gran Hermano de Orwell habia llegado…

 

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