Hablando del clásico del futbol…

Ya pasó el partido de fútbol del milenio, ya se jugo el clásico de los clásicos, ya se paró el país para ver un evento deportivo. Por fin una parte de la población es feliz y la otra media esta hundida en una miseria deportiva, ya esta todo arreglado…, se ha jugado el Barça-Madrid.

Y todo esto sucedió el día después de las elecciones catalanas. Hoy ya nadie habla de política, hoy todos hablamos de fútbol (del partidazo que hizo el Barça y de unos tipejos vestidos de blanco que salieron al Nou Camp para que el Barça entrenara con público, pues eso me pareció el partido). Pero las elecciones catalanas han introducido a un personaje tan curioso en política como peligroso podría ser para las próximas celebraciones del clásico futbolistico español.

Todos, o casi todos, conoceréis a un tal Joan Laporta…. Por lo menos habréis oído hablar de él. Si, claro que sabéis de quién estoy hablando… aquel que fue presidente del Barça, que logro lo que nadie había logrado para el club, aquel que ahora dicen que se llevo dinero del club para disfrutar a lo grande de los triunfos que los jugadores y el técnico habían logrado. También habréis oído que se iba a meter en política, que había fichado para su partido nada menos que a Lucia Lapiedra (esto debía ser para animar las sesiones del parlamento catalán).

Pues sí al final se metió en política, se metió en la política catalana y se metió en el independentismo catalán, mas allá que Esquerra Republicana de Catalunya (ERC o el partido de Carod Rovira). Y se ha metido tanto que ha logrado cuatro escaños en el parlamento catalán (cosa que no me parece ni mal ni bien, pero que dice muy mucho de como estas las cosas en ese mundillo de la política).

Pero imaginemos que hubiera logrado la mayoría (de momento harto difícil) y pudiera poner en práctica sus ideas políticas. Quizas el partido de ayer hubiese sido el ultimo clásico disputado en la liga española, porque si Cataluña se independizara, digo yo que tendría liga propia y estos clásicos del fútbol sólo se darían en la Champions.

Imaginemos un país en el que ya nunca mas, dos veces al año, se paraliza todo para seguir y analizar un partido de fútbol del que parece dependa el futuro de todos nosotros. No sería los mismo. Los problemas intrascendentes que nos rodean como el paro, la corrupción, los desahucios hipotecarios, los impagos, los impuestos o el terrorismo (ya casi olvidado en esta nueva sociedad) fueran los temas de los que hablara la gente. Que la gente en vez de preocuparse de si el Barça necesita a Guardiola o si Mourinho es un provocador en el banquillo del Madrid, se preocupara de quién es el que esta sentado en la poltrona de la presidencia de un ayuntamiento, autonomía o gobierno.

Ese país sería un caos, los políticos tendrían que trabajar, ser honestos, honrados. Responder ante el pueblo de las acciones que hacen igual que lo tienen que hacer un entrenador ante su afición. Un país en el que si no hay resultados por la gestión realizada te echan a la calle. Un país de locos…

Asi que por el bien de este país: Laporta … no pidas la independencia de Cataluña…. Ah y por el bien de los políticos.

El ratón y el gato.

Nos pasamos la vida jugando al escondite como el gato y el ratón. Unos persiguen y otros son perseguidos. Unos buscan como engañar, atrapar, dominar a los demás y otros intentan salir ilesos de esta aventura que es la vida.

Qué tipo de animal evolucionado somos para tener que vivir igual que viven los animales a los que llamamos irracionales. Qué nos diferencia a unos humanos de otros para que haya gatos y ratones. Me gustaría saber la respuesta, y mentiría si dijera que la quería saber sólo por curiosidad. La verdad es que querría saberla para convertirme en gato en vez de ratón.

Y la cuestión es que el ratón es mucho mas ingenioso, hábil, inteligente y alguna virtud mas, que el gato. Pero es el gato quien tiene atemorizado al ratón, porque en cualquier momento le puede dar el zarpazo que le mande para el “otro barrio”. Y en la vida pasa mas o menos lo mismo; de qué sirve ser despierto como un ratón si siempre hay un gato comodón, simple, sin mas iniciativa que la de aprovecharse de los demás, pero que siempre esta dispuesto a pegarte el zarpazo y arrancarte lo que has conseguido con tu esfuerzo y habilidad.

Todos conocemos a esos gatos que nos hacen la vida imposible en el trabajo o entre los “amigos”. Y si los conocemos cómo es que todavía no hemos conseguido acabar con ellos, cómo es que todavía se mantienen en nuestros círculos de amistades. Acaso no es mejor y mas listo el “ratón” entonces porque no se ha impuesto.

Cuestiones de la evolución. O simplemente cuestiones de personalidad. No será que el ratón es tímido y desconfiado de su superioridad ante el gato. Supongo que muchos sabréis quien eran Tom y Jerry, y si el ratón (si ese ratón espabilado y sin complejos) vencia al gato con todas sus tretas, por qué nosotros no vamos a poder acabar con todos esos gatos que nos rodean….

Esclavos

No voy a hablar del trabajo, aunque haya veces que pensemos que nuestros trabajos nos esclavizan. No voy a hablar tampoco de ese nefasto tiempo en que hombres, mujeres y niños eran esclavos y como tales se podían comprar, vender o regalar. Tampoco voy a escribir de esta moderna esclavitud de la mano de obra barata en los países subdesarrollados o en vías de desarrollo.

Leyendo un libro encontré el concepto “historia personal”, en un primer momento no termine de captar lo que quería decir, hablaba de  esconder tu vida a los demás o algo parecido. Pero con el paso del tiempo y sobre todo con el suceder de la vida creo que he ido aclarando la idea al respecto. Mi conclusión es que el concepto de “historia personal” viene a ser muy parecido al dicho “Somos dueños de nuestros silencios pero esclavos de nuestras palabras” aunque ampliado.

Hace tiempo que acepto como una realidad incuestionable el dicho antes mencionado, pero nunca me había planteado el hecho de la importancia que realmente tiene. Tanta que me ha hecho ser consciente de cada vez que lo incumplo. Ahora sólo me falta conseguir la autodisciplina necesaria para poder evitar esas veces que se habla de mas, o haces algo de lo que luego te arrepientes de haber hecho.

Sin embargo este hecho me hace plantearme otra duda. Si ahora somos esclavos de nuestros actos y nuestras palabras, no es igualmente posible que nos convirtamos en esclavos del afán de mantener todo bajo control, no nos podemos volver un poco insociables al medir cada palabra y cada acto como un hecho de consecuencias no conocidas.

Creo que hay un término medio, como en casi todo. Lo mas fácil para no caer en los extremos y vivir en el equilibrio sería conseguir vivir, actuar y hablar de acuerdo a nuestros principios, pues es cuando haces algo contrario a los mismos cuando te sientes esclavo de esas palabras o esos actos. El problema de esta fácil solución es conocer, asimilar y aplicar a la vida los principios que cada uno creamos oportunos (puesto que cada vez creo menos que haya unos principios generales que nos tengan que servir a todos). Esto desde luego no es fácil y sólo a base de conocerse a si mismo y trabajar sobre uno mismo al final se podría lograr.

Otra cuestión importante referente a las palabras que pronunciamos o a las acciones que realizamos es el daño que estas son capaces de hacer. Cuántas veces nos hemos arrepentido nada mas decir unas palabras o hacer algo al ser conscientes del daño que hemos hecho sin querer. Y es que hay veces que actuamos demasiado a la ligera sin pensar las consecuencias de lo que vayamos a hacer. Pero es difícil estar todo el día midiendo las consecuencias de todo lo que vayamos a hacer, o simplemente un mal día puede hacer que explotemos cuando y con quien no debemos.

Quiero pensar que algún día podre controlar estas cosas y no tener que arrepentirme de los que diga o haga, pero supongo que todavía me queda mucho por perfeccionar para llegar a ser la persona que realmente quiero ser. Sólo el tiempo y el ir limando cosas me acercaran. Quiza, y sólo digo que quiza, este sea el objetivo de nuestra vida.

Nostalgia.

Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

La silueta del sillón se perfilaba contra la tenue luz que entraba por la ventana, el silencio se veía roto por la música que sonaba de fondo. No había nadie allí, sin embargo él sólo quería pensar que tras esa silueta se encontraba ella.

Hacia meses que no la veía y que pensaba en ella, hacia meses que se había convertido en una sombra a falta de su presencia. Recordaba su rostro con nitidez, como si la tuviera delante, como si su ausencia hubiera sido sólo un minuto.

Tenía miedo de traspasar el umbral de la puerta y acercarse al sillón, tenía miedo de que no estuviera allí, de que no pudiera acariciar su pelo; de que no pudiera disfrutar de su dulce expresión ni de la luz de sus ojos.

Sin embargo algo le empujaba a entrar. Sentía nostalgia de su presencia, sentía urgencia por verla tras el sillón. Su corazón le pedía que entrara, que corriera al encuentro de ella. Su razón sólo le mostraba el miedo al desengaño.

Por fin el corazón pudo mas y entró en el cuarto. Sus pasos eran lentos, sigilosos; su respiración se aceleraba por momentos y su corazón estaba lanzado a una carrera desbocada.

Llego al sillón, apoyo su mano en el respaldo y suspiro. Tuvo que reunir fuerzas para atreverse a mirar. Tras un instante en que el silencio y la oscuridad lo invadieron todo en él abrió los ojos.

En el sillón acurrucada se encontraba ella. Los ojos se la iluminaron y con un ronroneo le recibió. Allí estaba su gata, su compañera desde hace años, su confidente, su amiga…

Se despertó sudoroso, había sido un sueño. Un sueño extraño, una metáfora de su nostalgia. Sentía nostalgia, si, pero no de su gata que ronroneaba a los pies de la cama. Tenia nostalgia de ella, de aquella que hacia meses que no veía.

Al final todos echamos de menos a aquellos con quien nos gustaría compartir la vida.

 

 

 

Progresía

Este fin de semana pasado hemos tenido a Benedicto XVI en España, ha sido una visita pastoral a Santiago de Compostela con motivo del año santo Compostelano (el mismo acontecimiento que ha llenado la ciudad de turistas y que ha plagado los caminos que llevan hasta la sede compostelana de peregrinos) y la visita a Barcelona para consagrar al culto la Sagrada Familia (esa misma que la ciudad toma como reclamo turístico y simbolo de modernidad).

Ha sido una visita criticada desde muchos sectores y por diversos motivos. Nada malo en las criticas si están justificadas. Me parecen bien los que se han quejado del coste de la visita, cierto es que ha sido un gasto importante tanto en seguridad como en la organización de los actos, y que dada la situación económica actual a muchos ciudadanos les haya molestado el gasto que ha supuesto (y que seguro que si la situación económica no fuera la actual a nadie le habría parecido excesivo ni desmesurado). También son aceptables las criticas al exceso de seguridad y de medidas por parte de las administraciones públicas (aunque hay que recordar que le pese a quien le pese, Benedicto XVI es un jefe de estado al mismo nivel político, de seguridad y de protocolo que cualquier jefe de estado ya se llame este Obama, Putin, Hassan II o Hugo Chavez). También son aceptables las críticas a la doctrina y al mensaje que lanza al mundo, no todos tenemos que aceptar y estar de acuerdo con los preceptos que la iglesia católica impone a sus fieles.

Lo que ya no veo tan normal es esa costumbre que se esta instalando últimamente en nuestro país de considerar como “doctrina divina” todo aquello que propugna esta nueva progresia, que tacha de anticuados, incivilizados y no sé cuantas cosas mas a los que no coinciden con su valores e ideas.

Y esto me recuerda una época histórica que creía haber dejado atrás, una época histórica criticada por esa progresía, criticada hasta hacer desaparecer los vicios de ese momento histórico. Hablo de la época de las conquistas y del colonialismo. Ese momento histórico en el que una sociedad “supuestamente” mas avanzada y con unos valores e ideas “mejores” imponían sus doctrinas ya fuera por las buenas o por las malas.

Ya me gustaría que me explicaran en que se diferencia su superioridad moral de la superioridad moral que criticaban a los pueblos colonizadores o “civilizadores”. Y no estoy diciendo ni que sus ideas sean peores que las que critican, ni mucho menos que se este matando para imponer sus ideas (que alguno habrá que haya pensado que iba por ahí). No es necesario matar para imponer las ideas a los demás, basta con someterlos a un linchamiento social, a un acoso verbal, a un distanciamiento social como apestados, etc…; y eso por desgracia ya se esta haciendo.

De todos modos malo es que lo haga una parte de la sociedad, los autodenominados “progresistas” (igual que en tiempos pasados se autoproclamaron “civilizados”). Lo malo es que lo esta asimilando y poniendo en practica la otra parte. Y no digo que sea malo porque la otra parte tenga que demostrar una superioridad moral o sean mejores y no deban rebajarse a esos niveles, lo digo porque si todos son iguales lo mas fácil es que acabemos a guantazos y la verdad sea dicha no es que me haga demasiada gracia vivir una guerra…