Seguro que vives super bien.

Así terminó el otro día una conversación de whatsapp, así me lo dijo una chica. Y así parece de cara al exterior porque parece que hago lo que quiero, vivo como quiero y pienso como quiero. Y sin embargo no soy nada de eso.

Lo he escrito muchas veces y sigue siendo así. No puedo ser feliz. Ni mi forma de pensar, ni mi forma de vivir me van a dejar ser nunca feliz, ni siquiera la mayoría de las veces me permite vivir tranquilo.

Debo alejarme de la gente, me hace daño relacionarme, me hace daño conocer a la gente. Me ilusiono con facilidad en busca de aquello que no tengo. Y me decepciono varias veces al día. No soy capaz de soportar muchas cosas, soy un desastre que busca la perfección. Mi vida es un caos, un desastre, un desorden que busca el orden en lo que me rodea para así poder organizarme yo. Pero todo a mi alrededor es caos y yo soy más caótico aún.

Mi razón intentar ya poner orden a todo lo que me rodea y lo único que es capaz de hacer es ver todo lo malo del mundo. Veo lo que no ve la mayoría, me decepciono con lo que veo a mi alrededor.

En estos tiempos que ha tocado vivir de virus, pandemias, gobiernos inútiles, mentirosos y manipuladores yo quisiera vivir solo, aislado de todos, sin tener que salir a la calle. Sería perfecto para mi: una cura de soledad de las que siempre he querido. Pero no, yo no tengo tanta suerte. Vivo con mis padres, fue te de preocupaciones por ser población de riesgo, tengo que salir todos los días a trabajar, soy el encargado de hacer la compra y además parezco ser faro.

Y sin embargo no me alumbro ni a mi mismo.

Porqué sigo vivo cuando hay tanta gente que quería vivir y está muerta.

Este sentimiento de culpa por querer morir cuando otros mueren sin querer es una contradicción. Pero es que ni siquiera me puedo morir contagiado porque se lo podría pegar a mis padres y ellos si quieren vivir. Ellos son abuelos, están ilusionados con su nieta y deben disfrutarla cual do todo esto pase. Y su nieta tiene que disfrutar de ellos como yo disfrute de los.míos. Suelen ser lo mejor de la familia.

No encuentro sentido a la vida, y menos aún en estos tiempos en los que obligan a la gente a comportarse como si fuese yo. A no salir, a no relacionarse, a no hablar con la gente. NO, eso es lo que yo hacia. Vosotros nunca deberíais estar haciendo esto, porque no sabéis y no quereis hacerlo. Yo disfruto, pero vosotros no. Vosotros sois gente normal.

El mundo se ha paralizado por un virus. Algo tan insignificante que no lo hemos sabido ver. Pero nos lo habían avisado tantas veces. Y yo que lo temía aquí estoy padeciendolo como los demás. De que sirve saber las cosas si somos sólo uno entre miles de millones de personas, si no tengo capacidad para cambiar nada. Si no valgo para hacer nada que no sea quejarme y tampoco quiero hacer nada.

Vera

Miercoles, 13 de noviembre de 2019. Sobre media tarde ha venido una nueva vida a este planeta llamado Tierra. Una más entre los miles de millones de nuevas vidas que cada día emergen en este mundo. Animales, plantas y personas cada dia se reproducen para crear nueva vida, para perpetuar la supervivencia de la especie.

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Ser crítico.

Extremos, ideologías, partidos, fans, seguidores, admiradores, adscritos, miembros, afiliados, socios, equipos,…

Hoy en día parece ser obligatorio pertenecer a algún grupo o creencia, ser seguidor de algo de alguien, es el afan de esta sociedad por no sentirse sola. Desgraciadamente esta necesidad de pertenencia va unida a una total sumisión y obediencia a la fe a la cual nos hayamos adscrito. No hay posibilidad de disidencia. Si disientes estas fuera y si estás fuera no eres nadie, eres un apátrida, un apestado, un intococable.

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Impotencia.

La injusticia me persigue al lado de mi vida. No es por mi, que para mi la vida no es ni justa ni injusta simplemente es un castigo que debo de cumplir y que me gustaría que fuese lo más breve posible puesto que no tengo nada ni que hacer, ni que sentir, ni que pensar. Pero además de no ser nada, ni esperar nada tengo una alergia adquirida frente a la injusticia de la vida con respecto a los que me rodean. Y eso me produce una impotencia que me hace sentir un vacío aún más grande del que ya siento normalmente.

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Semana Santa

En el momento en el que escribo estas palabras las iglesias de este país están celebrando la resurrección de Jesús. Están anunciando el triunfo de la vida sobre la muerte, del bien sobre el mal, de la venida del Reino a los hombres.

Y sin embargo más de dos milenios después de aquellos hechos, fuesen reales o no, el Reino todavía no ha venido a los hombres porque nos negamos a recibirlo.

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